miércoles, 30 de agosto de 2017

"Sobre la previsibilidad del voto", por Jorge Alvarez Nuñez

En las etapas previas a las elecciones pululan un sinfín de especulaciones al respecto de las probabilidades electorales de tal o cual partido, y las guerras de encuestas ocupan un papel preponderante en los programas especializados, que como dijimos en el artículo anterior (http://www.postalesdesanisidro.com/2017/08/elecciones-como-se-construye-el-interes.html)  importan solo a un sector muy reducido de la sociedad.
En nuestro país, los registros electorales por mesa de votación tienen aproximadamente 350 electores, que salvo excepciones no tienen cambios de integrantes. A lo sumo se incorporan los jóvenes que votan por primera vez y habrá algunos cambios de domicilio. 
Entonces, si los electores no cambian estudiarlos y conocer su comportamiento puede resultar una herramienta de investigación profunda (http://www.postalesdesanisidro.com/2017/08/elecciones-como-se-construye-el-interes.html) para poder presumir el comportamiento electoral de dichos votantes.
Salvo excepciones, el voto del ciudadano tiende a no cambiar de manera drástica de elección a elección, en general quién haya votado una opción, difícilmente pase en la elección siguiente a votar el polo opuesto.
Si un votante en la elección A vota a un candidato del partido “verde”, difícilmente en la elección B pase a votar al candidato del partido “contaminante”. De acuerdo a su humor, sus deseos o sus intereses, en caso de cambiar lo harán en el espectro más parecido al anterior, de acuerdo a su posición actual. Una tendencia irrevocable es que no todos los ciudadanos votan con el bolsillo, no todos con el corazón y no todos con el mismo humor.

Las estrategias electorales se inician mucho antes de constituir la oferta electoral, con las siguientes premisas:

Construir buena imagen es la prioridad: El periodo no electoral es el momento donde se construye lo más importante que tiene un candidato, su imagen. Si su imagen es buena, sus posibilidades de crecer electoralmente en la campaña electoral serán mayores. Si no logra conformar buena imagen, se la hará difícil lograr un triunfo

Fidelizar y representar un segmento electoral preexistente: Si bien los partidos tradicionales han ido perdiendo relevancia en nuestro país, claramente hay lotes electorales ha seguir elección tras elección. Si un votante en la elección A vota a un candidato del partido “verde”, difícilmente en la elección B pase a votar al candidato del partido “contaminante”. De acuerdo a su humor, sus deseos o sus intereses, en caso de cambiar lo harán en el espectro más parecido al anterior, de acuerdo a su posición actual

Encajar con los ciclos: En nuestro país están en general asociados a la situación económica, al valor del dólar y especialmente a la posibilidad de un partido de durar dos mandatos en el gobierno federal. Si el gobierno central tiene chances de permanecer dos periodos en el poder, las condiciones para los cambios en otros órdenes son menores, aunque siempre posibles. Saber surfear los ciclos y poder analizarlos es la clave del éxito (Si  hay dinero en los bolsillos de los ciudadanos, tienden a ganar los oficialismos. Si hay desempleo o pesimismo económico tienden a ganar la oposición. A mayor disconformidad o enojo social mayor fragmentación y descreimiento generalizado.)

El voto puede ser previsible siempre y cuando se respeten los pasos de consolidación y cuidado de identidades, siendo “los ciclos” y su contexto social el actor preponderante de incidencia.
Queda para un próximo artículo indagar porque es cada vez más necesario administrar organismos del estado para poder participar de manera competitiva.

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