martes, 13 de febrero de 2018

Boulogne despidió el Carnaval con ocho murgas en escena y una fiesta multitudinaria y familiar que se prolongó hasta la medianoche

La avenida Rolón, en Boulogne, recibió anoche a la segunda y última fecha del Carnaval, organizado y producido por la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, en una fiesta gratuita y para toda la familia animada por la música y la danza de ocho comparsas, y estaciones de maquillaje y antifaces que no tuvieron pausa.
“Esta fiesta es la expresión de un proyecto del área de Cultura iniciado hace varios años, y en el que también intervino el concejal Pablo Fontanet, que tiene que ver con la recuperación de los corsos y con ofrecerles a los chicos de las zonas más vulnerables un espacio de contención para que no estén en las calles, aprendan danza, confección de indumentaria, hacer y reparar sus instrumentos musicales”, expresó anoche el intendente de San Isidro, que recorrió todo el corsódromo para saludar y charlar con los vecinos.
Un Carnaval 2018 que convocó alrededor de 70.000 espectadores y tuvo su jornada inaugural el domingo pasado en la avenida Fleming, Martínez, con Caporales de Boulogne, Los pioneros de Villa Adelina, Lloviendo estrellas, Los inesperados de Martínez, Los del banquito, Los incomparables de Martínez, Los locos por el ritmo, Los desordenados de la Sauce y Los soñadores de Beccar.
“Queremos un público cada vez más protagonista, como lo fue este año, que no paró de jugar con la espuma ni le dio respiro a los talleres de maquillaje y antifaces, una novedad por la que pasaron en total más de 3.000 personas, entre grandes y chicos. La otra fue el concurso de murgas, que nos permitirá tener una evaluación precisa de cada elenco para seguir mejorando en 2019, un año para el que ya hay que ponerse a coser porque se viene un gran concurso de disfraces para los más chicos”, adelantó Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.
Vallas adentro, las comparsas desplegaron su arsenal de repliques, vientos, caderas ondulantes, acrobáticas patadas al aire y vestuario trabajado al detalle, entre lentejuelas, brillos y plumas. “Dos horas me llevó prepararme. Sí, un poco nervioso, pero feliz”, dijo Alberto Barcellos, de Los únicos verdaderos de Boulogne, con chaqueta blanca y el nombre bordado de su hija.
Desde abuelos con más de 80 años hasta Bastián, de 1 y con el uniforme de Los auténticos de Boulogne, en una pasada que incluyó brazos de Paula, su mamá, caminata y gateo, fueron parte del desfile, que también tuvo a Los purretes de San Isidro, Los iluminados de la noche, Los divertidos de San Isidro, Los fantoches de San Isidro y Los galanes de Villa Adelina.
Entre una y otra, artistas circenses divirtieron con piruetas, juegos de luces y clavas al aire, mientras que el Pollo Álvarez, Santiago Marocchi y Antonella Fonte llevaban adelante una impecable conducción.
“Está muy entusiasmada, se quiere hacer una mariposa”, aseguró Elizabeth Monje, en la fila de la estación de maquillaje, junto a su hija, Bárbara (7). Cerca, Marcelo López estaba en plena guerra de espuma a la par de Ramón, su hijo de 9. “Ya tuvimos las primeras escaramuzas”, dijo el hombre sonriente, con la remera y la cara llena de puntitas blancas.
“Es clave el trabajo que hace Cultura con las murgas y la iniciativa del concurso, cuyos ganadores se conocerán este jueves, porque les permitirá seguir creciendo en sus propuestas. Sí me llamó mucho la atención la numerosa presencia de niños; es muy importante que la familia esté integrada alrededor del corso”, expresó Coco Romero, voz autorizada en la materia y miembro del jurado, junto con Arturo Blas Bisogni y Aluminé Manteca Acosta, que elegirá al primer y segundo puesto ($40.000 y 20.000), además de un premio Revelación, de cada uno de los desfiles, Martínez y Boulogne.
Con trofeo en mano para cada una de las murgas participantes, más allá del concurso, una del barrio, Los soñadores de Boulogne, le puso a la medianoche el punto final a la celebración con una furiosa batería de percusión frente a las gradas. Luego, como todas, siguió a puro ritmo y baile hasta Olazábal para completar 300 intensos metros, de adrenalina, emociones y sueños.

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