sábado, 11 de marzo de 2017

Misa por las víctimas del abuso sexual y el maltrato infantil

Monseñor Oscar Ojea, Obispo de la Diócesis de San isidro, presidió ayer por la tarde en la Catedral de San Isidro, la misa por las víctimas del abuso sexual y el maltrato infantil.
La celebración estuvo pedida por Rufino Varela quien, desde su historia personal y en solidaridad con otras víctimas del abuso y del maltrato infantil, buscó afianzar el compromiso y unirse espiritualmente a quienes sufren este flagelo.
Como paso previo a la celebración de la misa, la organización Cruzada Francisca, creada por Varela –y que lleva este nombre como homenaje a una persona muy especial para Rufino, que se animó a hablar del abuso sufrido-, se dio cita en la plaza Mitre de San Isidro, para marcar su punto de inicio como grupo que: “Viene a cubrir un vacío, viene a dar un lugar discreto y de escucha a quienes después de años y años logran romper el silencio y aliviar el dolor que este silencio provoca”, manifiestan al referirse a su firme actitud frente al drama del abuso sexual y el maltrato infantil.
Consultado, Rufino respondió que: “El abuso está. Tenemos que luchar. No tenemos que tener miedo a hablar”.
En su homilía monseñor Ojea, manifestó que: “Cuando el débil puede salir de esa red de silencio al que lo obliga el poderoso; ese secreto pactado para comprimir a la criatura cuando puede hablar, cuando puede expresarse, cuando puede decir qué ha pasado, decírselo a sí mismo y decirlo a los demás, comienza la verdadera sanación”.
El Obispo estuvo acompañado por monseñor Martín Fassi, Obispo auxiliar; el Pbro. Guillermo Caride, Vicario general, el Pbro. Máximo Jurcinovic, Vocero del Obispado de San isidro y por el padre Carlos Saracini, Superior provincial de los Pasionistas y por otros sacerdotes cercanos a Rufino Varela.
Hacia el final de su mensaje el Obispo expresó que: “La violencia, uno de los males más tremendos del mundo en que nosotros vivimos, uno de los cánceres del mundo en que vivimos.
Hay que poder vencer esas redes de silencio familiares e institucionales, redes que se han tendido para oprimir y obligar al secreto. 
El hablar, el expresarse, es también un clamor de justicia. Una justicia exigida en reparación de aquel que ha sufrido una violación semejante; una justicia exigida por la misma naturaleza”.
Cabe destacar que esta misa afianza el camino propuesto en la Diócesis por Monseñor Ojea, a través del que se busca asumir, pedir perdón y reparar el daño sufrido a las víctimas del abuso sexual y el maltrato infantil, fortaleciendo al mismo el compromiso por promover una cultura del cuidado de los niños y adolescentes.

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